Visión de negocio
El Taxista; es el conductor o chofer detrás del volante, actividad que por muchos años fue criticada por la sociedad. Con el pasar del tiempo profesionales universitarios, padres de familias e inclusos jóvenes emprendedores, agregaron otro valor; un concepto diferente como alternativa de mejora al servicio de transporte público. Ofreciendo un nivel ejecutivo al alcance de todos.
Comencé a manejar taxi por inquieto, aprovechando que disponía de tiempo. Trabajaba para una distribuidora de cemento y el horario lo permitía. Tenía fuerza, juventud, ganas de trabajar y deseo de superación. En el año 1998 comencé a alquilar mi carro a particulares (choferes) para el servicio de taxi. Aprender a manejar situaciones difíciles: accidentes de tránsito leves, multas, las trampas de la calle. Otras veces robo, pero gracias a Dios nunca con lesionados. Las aseguradoras ofrecen pólizas, pero los deducibles que aplican las hacen pocas atractivas. Terminas asumiendo los daños de un trabajo que tienes, muy alto riesgo.
El banco aprueba el crédito para mi segundo carro en el año 2000, un Mitsubishi laser cero kilómetros y enamorado de este carro no pude alquiler. Fue así como comencé a trabajar de taxista, cumplía mi trabajo en la oficina de cementos y al terminar mis labores; me dedicaba al taxi desde las 5 pm y hasta las 10 de la noche. Los sábados, domingos y feriados trabajaba días completos recorriendo las calles.
Lo dije antes y lo sostengo ahora: las cosas hay que hacerlas a tiempo. Reconocer el momento que es crucial, porque aun cuando no lo creas; todo el universo está a tu favor. Verlo de esta manera; el dinero atrae más dinero. Hay que tener madurez y aprovechar las oportunidades, pensando que después llegara ese momento para disfrutar, recrearse y descansar.
El dinero subía como espuma y la gerencia de la empresa de cementos no tardó en llamar. No concebían la movilización de mis cuentas, pero a la vez; les incomodaba el hecho de que uno de sus trabajadores fuera taxista. Investigan mis cuentas, la de mis familiares y realizaron auditorías para descartar sospechas. No podía hacer nada, mi actividad era legal y dure 7 años en esa empresa cementera.
La calle atrapa, envuelve y fascina; vas a muchos lugares y conoces un montón de gente, pero lo más importante es ver la movilidad del comercio en tiempo real y descubrir las tendencias que te pueden inspirar a crear nuevos proyectos. Esto no se logra quedándonos en casa, ni mucho menos viendo redes sociales. Es muy sencillo decirlo, la vida, lo real aguarda allá afuera.
Recuerdo el boom de helados y granizados. Los emprendedores con un refrigerador o congelador al frente de una tienda que surtía de luz y de depósito nocturno para guardar los equipos. Ofrecían algunos, solamente tinitas y barquilla, mientras que otros anexaron a la venta de helados, dulces caseros. Interesante conocer que el producto lo adquiriría de una heladería mayorista, el resto era comprar vasos, galletas conos (barquillas) pinzas para servir, servilletas, en fin. Curioso descubrir que al no ser fabricantes y con poca inversión lograron una oportunidad de trabajo. Ser independientes.
Propuse en casa poner a prueba esta idea. Sacrificamos un área para construir un local (pequeño) y con una vidriera, congelador y otras cosas, le dimos viva al negocio. Consciente de estar en una zona residencial y lo difícil que representa hacer un punto nuevo, hacer clientela desde cero. Fuimos incorporando confitería, refrescos, dulces criollos y crema con fresas, que era otro boom del momento. Algo así como crema de leche enriquecida con saborizantes y azúcar que cubrían fresas naturales, no muy maduras. La actividad del taxi se mantenía y cubría los gastos de inversión del nuevo negocio.
El proceso fue lento, pero los clientes aportaban nuevas ideas. ¿Tienen pan? Se les escuchaba decir con mucha frecuencia. Para dar respuesta, visitamos panificadoras, buscando una que permitiera reponer material dañado por vencimiento o moho prematuro. Incorporando variedad a un negocio que tenía pocas ventas y necesitábamos activar.
El pan de reparto o pan de bolsa, comúnmente llamado pan de bodega no sabe igual y nunca será lo mismo al pan de panadería. ¿Como ocurrió? Cruzamos las ideas y entre la heladería, panificadora y panadería, encontramos la respuesta. Si podemos vender helados sin ser fabricantes, también podemos vender pan aplicando el mismo modelo. En otros países ya existía esta práctica, pero en mi país era exclusiva para sucursales de una misma firma comercial.
Ya teníamos el local (muy pequeño), vidrieras, congelador; faltaba horno, bandejas, estantes o burros para poner las bandejas (crecimiento de pan); neveras, bombonas, mesón de trabajo y construir área de cocina y fregadero. Identificado los objetivos mi esposa y yo; fijamos estrategias y sin duda estábamos construyendo negocio a futuro...
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