Cada amor es único
Hay amores capaces de respetar gustos, ideas, forma de pensar y decisiones; aceptando errores y defectos, ofreciendo apoyo incondicional, garantizando momentos de felicidad. Amar es una palabra que asociamos con sentimiento y locura. Es ilusión, hipnotismo o hechizo que hace ver belleza en otro(a) ser. Un estado prolongado de ceguera a las imperfecciones. Amar es cuidar, proteger, acompañar en las alegrías y tristezas. Una pasión, una entrega sin egoísmo; sin hipocresía. Es un crecimiento mutuo que nos transforma en mejores personas y con el paso del tiempo es gratitud y recompensa. El amor está lleno de señales que inician el cortejo y señas que aseguran el fin.
Debemos identificar cada amor para darle sentido, valor e importancia. Amamos a Dios, a nuestros padres. A la pareja, nuestros hijos, abuelos, tíos y amigos. Amamos la naturaleza y a las mascotas, los bienes materiales, al dinero y no podemos olvidarnos jamás de amarnos a nosotros mismos. Dicen que quien no tiene padres, ama a sus abuelos con mayor intensidad. Que quien no tiene hijos, manifiesta mayor amor a sus amigos o locura por sus mascotas. Que existen personas ariscas o desconectadas al amor y que algunos enloquecen y hasta pueden morir de amor.
Analís nació y dos años más tarde pedí a Dios nos diera otro hijo(a). Para que juntas, conocieran ese sentimiento de hermanos. Los hermanos además de ser los primeros amigos en la vida, ejercen una especie de pasantías de padres, que es de mucha ayuda para el futuro.
A Dios le pedí, hijos(as) con esa fuerza de mover por fe, con perseverancia. Ingenio y deseos de sembrar para el futuro. Con sabiduría para saber esperar. Alegres y bromista, que le rían a todo, hasta las cosas malas. Con mucho carácter para la vida. Con aguante de esos que solo los guapos sabemos soportar. Con amor para regalar y dejarse querer. Con nobleza para dar hasta de lo que nos hace falta. La vida es una obra perfecta. Cuando eres madre, descubres la grandeza de amar a ese ser tuyo con toda el alma. Lo adoras, lo proteges, lo conscientes, etc. Pasa a ser tu centro de atención, tu única prioridad, tu razón de vida. A tal punto de olvidarte de ti misma. Es una conexión, un encuentro, que te llena de vida y te recarga las energías; es quien te permite aprender, volver a intentarlo una u otra vez y lo más importante; te enseña a perdonar y agradecer.
No hay un libro que defina como ser la mejor madre. El aprendizaje es de forma natural, pero este mágico amor de madre, puede llenarte de confusiones si no logras identificarlo y separarlo de los demás amores. Por ejemplo, puedes llegar a pensar que ya no amas a tu pareja, o que ya no sientes el mismo afecto por sus hermanos, por tus amigos e incluso puedes alejarte de tus padres. Es comprensible, pues el amor de madre es tan grande que supera a los demás amores y atrapa las atenciones. ¡Pero ojo! es una ligera confusión, debes tener claro y aprender a diferenciar, vivir y disfrutar de los demás amores, pues son igual de importantes en tu vida.
Toda la atención, cariño y sacrificios que brindas a tu hijo, te lleva a pensar en tu madre. Entras en una especie de pena al reconocer que ella hizo lo mismo por ti, y con el paso del tiempo tuvo que dejarte ir. Aquí es donde la obra perfecta comienza a engranar. Vuelves a tus padres con mayor madurez, con mucho más respeto, con humildad y gratitud.
Cometemos muchísimos excesos con nuestras madres: gritos, manipulaciones, chantajes, en fin. Nos volvemos malos sabiendo que siempre nos van a perdonar, que nunca nos van a decir que no. Abusamos constantemente y llegamos a ser tan osados de culparlas hasta de las cosas que no logramos alcanzar. La tomamos de cachifa, de niñera, de sirvienta…
De papá tome lo mejor, su fuerza, carácter, risa. Su música y esa magia para resolver las cosas. Al abuelo paterno no lo conocí, murió temprano. De la abuela Carmen (mamita) la visitábamos al salir de la escuela para almorzar. Recuerdo como papá atendía a su vieja, la acompañaba y como todo buen hijo no faltaba su aporte económico. La abuela enfermó de cáncer y murió. Hasta el final papá estuvo con su vieja.
Aun cuando estamos en países distintos a muchos kilómetros de distancia nos mantenemos comunicados por teléfono. Conversando extensamente los detalles de cada semana. Se que ha tenido errores; y muchos se quejan de él. Como jueces lo condenan por esto o por lo otro.
Yo le admiro, es un ser especial, aprendí aceptarlo tal como es. Estoy agradecido con la vida y agradezco a Dios por regalarme a un maestro, un amigo, a mi viejo. Le agradezco a él, su tiempo, su dedicación, su interés, su pasión y su entrega.
Este material lo escribí en el año 2017 para mi pareja y a mi viejo amor.
¡Te prefiero amiga! Porque me contarías de todo y sin reservas. Dedicarías poco tiempo, pero cargado de ganas y muchas alegrías. Escucharías con atención todo lo que digo y con tu apoyo incondicional complementarias mis ideas. Amiga para cantar, reír, bailar, soñar y hasta llorar. En verdad te prefiero amiga; de pareja, no es igual...
¡Te prefiero amante! Porque soñaríamos un nuevo encuentro, buscando el tiempo para estar juntos, para lograr esa magia que solo tú y yo sabemos alcanzar; entregando energía con sabor a más. Ahí donde no existe el cansancio, donde se borra todo error, porque el tiempo es muy corto y abundan las ganas, lo romántico y la pasión. Ahí donde no hay excusas ni frialdad, reclamos, ni otros pensamientos que congelen nuestras ganas. Donde los besos saben a besos y deseamos detener el tiempo; hacerlo interminable. Te prefiero amante, porque, como pareja, no es igual...
Confieso que me enamoré de mi casa mas o menos igual que de mi anterior carro que le escribi estas lineas: ¡Desde que te conocí, sentí la magia! Captaste mi atención y fije la mirada. Suerte tal vez, pero como sea, ¡supe que serias para mí! Contra viento y marea firme mi acta el 13 de octubre del 2011
Sencillamente un amor de locos. Ha sido mi complemento, presente en cada segundo de mi vida, apoyándome en las buenas y las malas. Me atrevo a asegurar que no le cambiaría por nada en el mundo.
Claro que hemos tenido muchos momentos difíciles, crisis que hemos logrado superar y que nos han ayudado a madurar. Le agradezco porque soy mejor persona, más paciente, más comprensivo, más entregado. Consciente de no poder despejar de mi mente, y es que conozco sus quejas, tengo grabado su aroma y me dejo atrapar de su sonido.
Estoy en deuda por no poder darle todo lo que se merece y aunque consciente de que en otras manos estaría mejor; me siento egoísta por no dejarle ir.
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