Duplica mi edad 

Crecí entre hermanos, primos y vecinos; era el más alto de todos y me gustaba rodearme más de gente adulta porque me ayudaba a crear personalidad, tanto en pensamientos como de conducta.   Encontraba interesante las charlas y en verdad no era nada bueno con el trompo, metras o perinola; los juegos de la época.  Me interesaba más los rompecabezas, pasatiempo, laberintos, sopa de letras, cubo de Rubik, porque no tenía que demostrarle nada a nadie y a la vez ponía a prueba mi agilidad mental.

Tampoco fui ágil en el beisbol, futbol o baloncesto.   Me gustaba salir a trotar, levantaba pesas y siempre me mantenía delgado.   Recuerdo que luego de iniciar el 3er. año de educación media, ingreso al salón de clase, un alumno por traslado desde la capital del país, su familia se había mudado recientemente.

Considero normal, que el nuevo compañero (Michael) estuviera distraído o un tanto perdido; las clases habían avanzado y le costaba adaptarse.   Acelerado, eléctrico, un candidato fácil para los bromistas del salón.  Muy común era hacer los trabajos en equipo y cada integrante era asignado por el docente, que nos agrupaba por sector de vivienda o localidad.  ¿Quienes viven cerca del hospital, terminal?

Michael era también vecino de mi sector y fue incorporado al equipo de estudio.  Ir a la biblioteca o reunirnos en casa, las opciones para estudiar sin computadoras, nada de celulares ni internet, y no estoy hablando del inicio de la prehistoria; esto fue entre los años 1985 y 88.

Eran tiempos de verbenas, matiné y minitecas, luces hipnóticas, sonidos que retumbaban y fiestas épicas; euforia para gente joven.  En tiempo libres con los muchachos de la cuadra jugábamos en la calle pelota de goma o futbol, especialmente cuando llovía.  Bueno más observador que jugador.

Se vivían momentos sanos y no podías regresar a casa con olor a licor o cigarrillo, porque recibías un castigo seguro.  Así que, con libertad de hacer y salir, debías mantener el respeto dentro y fuera de casa.  Un mundo desconocido para el amigo Michael, tal vez por ser hijo único.

Su padre que trabajaba en la capital lo veía cada 15 días; pasaba el fin de semana y se volvía a ir, pero esos días eran tensos y en lo personal evitaba ir.   Mas que compañeros una amistad, después de estudiar podíamos ver el chavo, el zorro, perdido en el espacio; los programas éxitos de la televisión.  Su madre cocinaba muy bien; también se adaptaba a los cambios, no trabajaba y con el tiempo inicio cursos de ventas.

cara de mujer con mirada sensual. actriz

Una de esas tardes después de estudiar, una taza de café y un trozo de torta prolongo mi estancia, el tiempo había cambiado y comenzó a llover.  Los muchachos de la cuadra ya habían salido a jugar y con un llamado a la puerta pidieron el balón que cayó en el patio.  Michael salió a entregar el balón y convencido por el bochinche de la lluvia, se quedó jugando.

No me provocó mojarme, llovía con fuerza y tampoco me podía ir.   Levante mi taza luego de tomar café y la lleve al fregadero.  El sitio era pequeño, entre el mesón (fregar), el fogón (cocina), la nevera y una pequeña mesa no quedaba suficiente espacio para caminar.    Martha la señora de la casa guardaba o recogía la nevera que se yo; pero en ese momento, cayó un rayo que provoco un enorme estruendo. Hay pasos que llevan a caminos desconocidos y momentos que hacen girar la vida. 

Ella brinco del susto y quedo frente a mí, nuestras miradas detuvieron el tiempo, fue inesperado e inevitable, pero ha sido el mejor beso que hasta ahora he podido recibir.   Reaccioné porque duplica mi edad, había faltado el respeto, me sentí abusador y traidor de la amistad; me disculpe intenté sutilmente dar la vuelta, pero las emociones habían crecido; como no sentirme culpable y cobarde por intentar huir.

Su mirada imposible de borrar, la lluvia sonaba a melodía intensa.   Solos en la casa y un beso que decía, no te pares quiero más. Olvídalo ya no tienes escapatoria.  Lo prohibido, la tentación, la soledad, las ganas; todo encajo a la perfección y el pensamiento, lo racional no pudo contener lo inevitable.   Un beso y otro más, aceleraban la respiración, nuestros cuerpos atados en abrazos y caricias que, con una leve mordida le dijimos adiós a su blusa.   Imagine caminar abrazados, mis ojos los tenían cerrados cuando caímos al sofá, embriagado de un vino esquicito añejado al natural, ahora lo puedo contar, pero en ese momento no había forma de pensar.

La lluvia se hizo cómplice; se extendió dando tiempo y cuando Michael regreso todo estaba en orden, como si nada había pasado.  Sin risas, sin palabras, escuchamos lo que nos contaba de la calle, lo interrumpí para decirle, debo irme a casa.  Evite por varios días volver y cualquier excusa fue buena para responder por mi ausencia.   

Luego de hablar con Martha, me confeso que su matrimonio era de apariencias, que no tenían intimidad y su esposo no aceptaba el divorcio.  Fue la razón del porque se devolvió a su ciudad natal.  Ella estaba en negación, duplicaba mi edad y dijo “eres el amigo de mi hijo y esto no debió ocurrir”, dejando muy claro y bien decidida a que todo había terminado ahí.  Culpamos al momento de lo que había pasado.  Reprochamos al tiempo por ponernos juntos y tarde.   Era complejo y prohibido; pero les estoy mintiendo porque en verdad, ¡no ocurrió así!

Ella, una mujer muy bella físicamente, coqueta delicada y divertida.  Pasaban los días, mi amigo no podía enterarse, pero tampoco nos dejaba solos.  Acostumbraba salir a trotar por las madrugadas los fines de semana y ellos pidieron acompañarme.   Fueron esos días que Michael se quedaba dormido o no quería ir, los que nos permitieron detener nuevamente el tiempo y sumergirnos en nuestro idilio.

Para mucho era descifrable, mi familia lo sospechaba y a cada pregunta o insinuación, lo negaba.  Por más que cuidamos cada detalle era imposible controlarlo todo y no cometer errores.   Un vecino, que desde la distancia observo mi llegada. Curioso por caminar de madrugada y atento me vio entrar a la casa, calculo el tiempo, espero verme salir y saco sus conclusiones, pero no se quedó callado; como todo un buen soplón se encargó de regarlo por todos los vientos.

Las consecuencias fueron complejas, con Michael nunca más volví hablar.  El tiempo pasó y diez años más tarde, la volví a ver.  Divorciada, sin pareja y vendedora exitosa, le estaba yendo bien.   Una vez más lo probamos, ahora no había nada que perder.  Masoquistas, aventureros, ilusos porque nada era igual, pero había que intentarlo.  Es una ley natural, todo inicio tiene su final...

Mi intención fue atraparte, hacerte protagonista; que sintieras vivir espacios de esta historia, real.   Te entiendo de no querer comentarlo, pero si en verdad fuera tu caso.  ¿Podrías cambiar algo?

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