Cambió mi suerte

La esperanza de vida promedio en la mujer es de 79 años y en el hombre 73 años, según la tasa de mortalidad en América Latina y el Caribe para el año 2023.

Un tercio de nuestras vidas (25 años) la dedicamos a estudiar, profundizar en una actividad o carrera. En el camino hay muchas pendientes, atajos y sorpresas.  Por más que intentamos superarlas, no podemos luchar contra los eventos fortuitos o será cuestión de suerte, pero ¿Que nos conduce? ¿Cómo y por qué estar, justo en el sitio y en la hora menos indicada?  

El destino es la idea de que los eventos están preordenados o determinados con anticipación, como una fuerza invisible que guía nuestras vidas.   

Soy abogado y a través de los años he atendido muchos casos.  Hay personas que por error o novatadas e incluso por rodearse de gente equivocada se involucran en problemas.  Mientras otros, saben lo que están haciendo y eligen su estilo de vida.   Comenzando a ejercer la carrera atendí a una familia.

chica bañandose en piscina

Ella comenzó a narrar: salí de la ciudad para estudiar y en la universidad conocí nuevas amistades, logré esa libertar de hacer sin tener que pedir permiso ni rendir cuentas.  La rutina de estudio invadió mi tiempo y a medida que avanzaba el semestre, muchos exámenes y trabajos por entregar acumularon presión y agotamiento.  La residencia parecía un cuarto de locos y gracias a Dios el semestre estaba por terminar, quería poner ordenar a las cosas y tomar un respiro; lo necesitaba.

Chateaba con mi familia un día por semana y no paraban en preguntarme: ¿fuiste al cine, a la discoteca o a pasear?  Y cómo, les respondía; si estudiar consumía mi tiempo.  No había terminado una actividad y debía prepararme para otra.  Tenía materias con bajo promedio de notas y en verdad que le estaba poniendo ganas.

Admiro a quienes trabajan y estudian y no sé cómo lo hacen; a veces tenía ganas de salir corriendo. Pensé; en cuanto termine el semestre voy a encerrarme un mes entero, solamente para dormir y descansar. 

Así lo creí, pero el grupo de estudio tenían una fiesta para celebrar el fin del semestre.  Me invitaron y no acepte; insistieron tanto con la piscina, resaltaron que los dueños de la casa (padres) estaban de viaje y todos podíamos ir.  Tenían carro y propusieron llevarme devuelta a casa cuando yo lo quisiera y al final acepte.   No podía creer lo que veía, era una colina con mucho terreno bien conservada, plantas y grama.  Al llegar note muchos carros, y de lejos se escuchaba la música.  No era un club, era una quinta muy bella.  Un grupo grande dentro de la piscina se divertía, mientras otro la rodeaban, bailando y disfrutando. 

Era imposible no contagiarse del ambiente, tanto así que a la media noche los que no se había mojado, con ropa y todo nos lanzaron a la piscina.  Todo un reto grabar las caras, había mucha gente que se movían de aquí para allá.  No sé a qué hora llego la policía y todos nos extrañamos, tal vez algún vecino denuncio el ruido o conocía que los dueños (padres) estaban de viaje y quisieron hacer una mala broma, comentamos.

Ojalá fuese sido así, era un allanamiento, la casa estaba alquilada y servía para ocultar carros robados.   Escuche a los oficiales decir: “así lo enfrían y luego los mueven”.

Los responsables lograron desaparecer.  Los carros eran la evidencia y todos quedamos detenidos por averiguación. señalados como miembros de una banda robacarros.

 “Cada persona es dueña de su destino” lo dijo muy bien Aristóteles y así lo pensé.  Ella, salió con terceras personas, amigos de los compañeros de clase, unos desconocidos.  

Son 25 años que dedicamos en preparar una carrera. 15 o 20 años más, nos esforzamos en trabajar para adquirir bienes: muebles e inmuebles, carro o negocio y hacer familia.   En este punto estaba, cuando salí con mi hija de 13 años al centro comercial, un domingo como cualquier día de paseo.   Mi esposa se quedó en casa programando clases, ella es profesora universitaria y recuerdo que nos dijo: por favor me traen comida. 

En el centro comercial almorzamos, recorrimos tiendas; invite a mi hija al cine, pero la cartelera no llamo su atención.   Disfrutamos unos helados y decidimos irnos de vuelta a casa, luego de comprar comida para mi esposa.  Caminamos por el estacionamiento, abrí la puerta trasera para subir a mi hija y antes de cerrarla fui empujado por dos sujetos que  solicitaron abordar y callar.  Encendieron la camioneta y salimos del centro comercial.   En el camino les dije si quieren el carro, llévenselo y nos dejan en la vía, cállate respondieron.

Volví a intentarlo y les dile; si es a mí que necesitan dejen que la niña pueda bajar; detengan el carro, paren.  A ella, solo alcance decirle, busca a alguien y llama a tu mamá. Volvieron arrancar, pero esta vez a mucha velocidad.  Reían, lo que hablaban no les entendía, pero recordé que mi arma que guardaba debajo del asiento.  Con el pie fue tanteando y arrastre hasta poderla ver; tome impulso, la agarre y use hacia el copiloto, los vidrios estaban cerrados, quede aturdido, pero me fui encima del chofer y luchamos hasta que perdió el control y nos estrellamos de frente con un inmenso árbol.

Cuando recupere el conocimiento, estaba tirado en el suelo y había oficiales de tránsito, ambulancia y mucha gente.  Logre hablar y les explique que fue un robo, un secuestro.  Los dos antisociales habían muerto y fui detenido por averiguación.

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