Lo que el tiempo no cura

Vida plena es disfrutar de la tranquilidad y paz de compartir ambientes saludables, al tener disposición, confianza y actitud positiva frente a la vida.   

Cuanto hemos recorrido luchando batallas propias y ajenas. Estancados en conflictos que no pudimos ganar y nos agotan.  Fueron innumerables las situaciones  que nos dimos por vencidos y que importancia puede tener las victorias cuando quedan divisiones, resentimientos; rencores.  Dejamos al tiempo hacer lo suyo, eso de curar heridas y otorgar la razón.

tormenta electrica.  una fuerza que no podemos controlar

Sobre el perdón se ha dicho que reduce la ira, estrés, tristeza y depresión.  Que nos hace crecer como individuos, a ser empáticos; compasivo.   Nos ayuda aumentar la confianza propia a la vez enseña a confiar en los demás.  Perdonar, permite romper cadenas y librar rencores.   Pedir perdón es soltar cargas, reconocer que cometimos errores e intentar comenzar de nuevo.

“Del dicho al hecho hay un largo trecho”. Perdonar o pedir perdón y más lejos aún está la reconciliación, son tareas sumamente difíciles de enfrentar, muchos deciden poner distancia, evitar provocaciones y callar.  Hay guerra que ni el amor ni el tiempo podrán curar.

Evolucionamos para vivir, adaptándonos a cambios, ahorrando recursos, evitando distracciones, proyectando crecimiento.  Estamos donde queremos estar, ya no suplicamos compañía, cariño o amor, tampoco permitimos que nos engañen los interesados.  Dejando lejos todo aquello que nos perturba, que nos desgasta o altera las emociones.  Perdonar o ser perdonado paso a ser tema del pasado y reemplazado por el termino soltar o dejar ir.

¡Sufre quien quiere sufrir!  Entendimos que existe lo inevitable, esas cosas con las que no podemos luchar. Que la felicidad y la vida misma son espacios de tiempo muy cortos.  Es inútil desperdiciarlos en guerras que no llevan a ninguna parte.  Dedicados a vivir el presente, conscientes que nuestro esfuerzo en crear futuro, es una probabilidad en el infinito, totalmente impredecible.  Del pasado nos queda los recuerdos y aunque queramos; nada de lo ocurrido podemos cambiar.   

La generación de relevo, la misma que desafió usar ropa arrugada, que ha sobrevivido con mucho éxito a la invasión tecnológica, ahora busca ocultar términos como: abandono y desinterés con palabras muy convenientes: soltar o dejar ir.  Una forma de expresión que lo envuelve todo.

Dejar ir no es otra cosa que abandonar o establecer distancia a personas o ambientes que no aportan beneficios. Aceptar las cosas tal como son y sin maquillajes es reconocer pensamientos y situaciones que nos causan sufrimiento, para restarle importancia, valor e interés.    Quien puede considerar malo un cambio de rumbo, permitir nuevas experiencias que contribuyan al crecimiento personal, la paz y el bienestar emocional.    Esto apunta a mayor individualismo, soledad, alejamiento social y aclaro que es mi apreciación y con esto resalto que opinar no es afirmar.  Dejemos a los especialistas hacer lo suyo.

El desapego asociado con sentimientos de pérdida, es un medio de defensa evolutivo para impedir que el pasado interfiera en el presente; olvidar en vez de perdonar, es liberarse de cargas emocionales, conflictos o problemas.  En la práctica reconocemos la ausencia de apoyo, cariño y amor al no sentirnos cómodos, bienvenidos ni aceptados.  Sin sentimiento de pertenencia aumenta la disposición a soltar o dejar ir.   Alejándonos de entornos, grupos, asociación e incluso familia y haciendo de la convivencia un caminar sobre la cuerda floja, tan frágil que el simple hecho de pensar distinto u opinar diferente la pueda romper.

El sentido de pertenencia es fundamental en la construcción de la familia y la sociedad. Permite entre muchas cosas, trabajar en equipo en busca de beneficios individuales y colectivos. Un motor invisible que mueve el mundo, dar y recibir.

Dicen que todo tiene solución menos la muerte, y es precisamente la muerte quien nos obliga a recapacitar, lamentablemente tarde, porque una vez que llega no hay como retroceder el tiempo para reparar los errores y permitirnos vivir y disfrutar de los seres queridos.

El orgullo, la prepotencia, el carácter más fuerte es doblegado cuando la muerte indica que el tiempo acabó para pedir perdón, reconocer las cosas buenas; decir y escuchar las palabras bonitas que todos necesitamos oír.    Perdóname  > > > Te amo

Perdonar es calmar el resentimiento e ira.  Olvidar, es dejar atrás los recuerdos dolorosos.  La muerte se encarga de reparar lo que el tiempo no pudo curar.

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