Que ocurre cuando nos dejamos influenciar
En clase sobre ley
laboral, catedra de administración dictada en el Tecnológico de
Yaracuy/Venezuela; expusieron la práctica de una empresa física con varias
firmas registradas (Distribución y Transporte, Servicio de Limpieza,
Quincallería, Asesoría técnica). Esta
empresa empleaba a sus trabajadores sobre contrato firmado a término de un año
y una vez concluido el plazo, permitían continuar trabajando bajo las mismas
actividades o tareas, pero ofreciendo un contrato con otra firma comercial. Un atajo que cortaba continuidad laboral y
con ella los compromisos.
Detallando los pre
y contra de esa actividad, la expositora concluyó que para romper con esa práctica
se podías:
- No aceptar ni firmar contrato bajo esa condición
- Exigir los derechos por antigüedad
- Denunciar ante los organismos competentes que para ello se necesita: tiempo, dinero, pruebas y testigos.
Efectivamente hay condiciones
que permiten que esto ocurra. Por un lado,
está el temor o incertidumbre, la arbitrariedad o violación de los derechos y,
por otro lado, la necesidad de trabajo, estabilidad monetaria; el desempleo y el
tonto orgullo de sentirnos intimidado que nos impide negociar; acción que involucra
ganar y ceder.
Esa charla coincidía
con lo que estaba viviendo y si mal no recuerdo, fue la primera vez que una
opinión influyó sobre mis decisiones Me negué en firmar el contrato que varias
veces me presentaron. Por mi mente
giraba la idea de que podían ser distinto y un mes más tarde entregaron mi liquidación. Fue ahí donde reaccioné, no había medido las
consecuencias; estudiaba en universidad privada, estaba recién casado y me
había quedado sin trabajo y sin dinero.
Traigo todo este preámbulo para exponer que no aprendemos de experiencias ajenas y por más que nos cuenten o veamos situaciones similares en familiares o amigos, no nos queda enseñanza, no nos sirven. Necesitamos vivir, enfrentar situaciones y perder para aprender que las opiniones de terceros, pueden afectar nuestras decisiones y/o desorientarnos.
Hoy, estamos sobresaturados de información, mostramos bajo interés por profundizar en temáticas, somos cada vez más influenciados por las redes sociales y las opiniones de amigos y familiares. Es aquí en donde quería llegar, cuando las opiniones de terceros afectan las relaciones de parejas.
Si convivimos con
nuestros padres estando solteros, ellos tienen toda la información de nuestros
actos y forma de pensar; es muy distinto cuando vivimos distantes y hemos
formado familia. No está bien opinar
sobre un solo punto de vista, sin tomar en cuenta la otra versión. Crear juicio con preferencia sin medir
incluso como afecta la vida de pareja e hijos.
Indistintamente a
lo que familiares o amigos opinen, nadie está obligado en ejercer. Cada quien es responsable de sus actos y no
puede culpar a los demás por las decisiones que toma. Al fin y al cabo, si sale
mal, quien le va acompañar y/o reparar.
La vida en pareja
enfrenta desafíos constantes y no existe un libro o manual que indique o señale
como hacerlo bien. Un contrato tan parecido
al de una empresa en donde ganamos y cedemos buscando equilibrio. Las quejas, inconformidad o sostener
pensamientos de los errores por mucho tiempo, nos hacen dudar, impidiendo reconocer
y valorar lo verdaderamente importante que es tener una familia funcional. Sin duda, es un tesoro superar el paso del
tiempo.
Dejarse
influenciar no es una casualidad, representa haber expuesto los secretos e intimidad
de la familia. Siendo víctima de los
pensamientos y egoísta por no medir las consecuencias. Nos volvemos sordos, ciegos
y soberbios cuando encontramos quien apoye nuestras versiones y no logramos
parar, hasta crear un huracán o lo que deja luego de su paso.
Exponer las debilidades para buscar aprobación de terceros, un mal hábito por intentar complacer opiniones y demostrar falso control, carácter o autoridad; es un grave error. Aunque puede ser atrevido decirlo; es crudamente real; no nos casamos con los padres, ni con sus hermanos(as), tampoco con sus amigos(as). La solución por los desacuerdos o conflictos comienza dialogando con la pareja. Recuerda el viejo refrán: "La ropa sucia se lavan en casa".
Aprendemos de los
errores y reflexionamos cuando el mundo se nos viene encima. Solamente podemos cambiar de actitud, cuando aceptamos
estar equivocados y reconocemos que hemos perdido. No esperes a que sea demasiado tarde…
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