Aparente amor
El sentido de la vida después de crecer es vivir en pareja, formar una familia, tener hijos, lograr estabilidad laboral y una casa cómoda. Brindar seguridad, crecimiento y futuro, en fin, más que necesidades, son los instintos naturales por la supervivencia, reproducción, conservación y/o continuidad.
Absolutamente todo gira alrededor de la vida conyugal. Somos mejores personas y maduramos gracias a esta experiencia; pero que difícil resulta vivir en pareja. Enfrentados entre dos modelos familiar, es lo más parecido a una empresa; con sus negociaciones que establecen límites, asignan tareas y demanda tiempo, esfuerzo y ganas. Es una suerte de lotería; más que la química o atracción física por el enamoramiento, una prueba de resistencia y valor a cada desafío.
Internamente elaboramos una lista de requisitos que van desde nuestro gusto visual, creencias, forma de ser y pensar. Casi nunca sirven, pero una vez atendido y superado el cortejo, pasamos a formalizar por decirlo de alguna forma, la unión matrimonial o vida en pareja.
Indiscutiblemente, la mejor edad para inicia una relación acertada, está entre los 24 y 30 años. Biológicamente es la mejor edad para la reproducción. Son los mejores años de salud, energía corporal y disposición (guáramo) para enfrentar desafíos y trabajo pesado.
Desafortunadamente es la edad del orgullo y lo impulsivo. Muy entre cejas la falsa creencia de no necesitar de nadie para vivir. Conducta que hace vulnerable y muy delicada los primeros 5 años de relación en pareja. El nacimiento de los hijos trae nuevas emociones y refresca la relación, pero a la vez inyecta más compromiso y resta tiempo de calidad en pareja, atención y encuentros.
Según la ciencia el promedio de una relación amorosa dura cinco años y pasa por cuatro etapas. La euforia, todo es perfecto y pensamos 24 horas en ella o él. La vinculación, con ligera estabilidad emocional, reforzamos la relación. Luego la etapa de crisis que cuando se supera, entramos al apego profundo.
Lograr entender que la crisis no es eterna; solo son espacios de tiempo. En lo personal lo comparo con la aguja del reloj dando vueltas. La vida de pareja son ciclos, unas veces tenemos una espectacular armonía un tanto corta, interrumpida por desacuerdos o malas decisiones, pero se acumulan pasando de menos a más; alcanzando puntos de intolerancia con ganas de salir corriendo. ¡Te invito a estudiarla! Así como progresivamente aumenta, sucesivamente disminuye y vuelve la paz. También lo comparo con el dinero; como llega se va.
Son muchos los por que: nos abruman los compromisos, nos frustramos, nos exigimos como individuos y nos agotamos. Los reclamos, los pocos o nulos resultados, las injusticias o decepciones echan leña al fuego. ¿Quién en su sano juicio se casa pensando en divorciarse? Okey, ahora sale alguien diciendo: visa por matrimonio o por dinero.
Se cree que el divorcio nos hace más fuerte y no es verdad. Perdemos estabilidad económica, cuestionamos nuestra conducta y nos obliga a disminuir las exigencias o perspectivas hacia la nueva pareja. El asunto es que, mientras más años suman a la cedula, tenemos menos posibilidades y más errores al elegir nuevas parejas. Terminando siempre por escoger relaciones más conflictivas de lo que antes teníamos. Es irónico pero muy real; a la nueva pareja se le acepta, lo que, a la anterior, causo el divorcio. ¡Será el karma!
Dime lo que pregonas y te diré, lo que careces Me parece absurdo, mostrar fotos de un aparente amor platónico. Admirable y por qué no decir envidiable; ver parejas felices, viviendo un romance, un sueño, una alquimia.
El estilo de vida; trabajo, casa y las actividades extra curriculares de nuestros hijos nos alejan de lo social. Con los vecinos más que un saludo cordial, son charlas cortas, pero de sus caras difícilmente puedo olvidar. El tiempo pasó y un día el señor del beso, subió a mi taxi mientras recibía una llamada telefónica que no escondió, no tenía acepto de rabia, ni pena, estaba sereno y literalmente dijo: "de seguro te puedo ayudar, pero volver contigo, no"
Colgó la llamada y comenzó a contar, no entiendo dijo; "cuando algo anda mal, uno lo sabe, bien sea por discusiones bobas, distanciamiento, irritabilidad, apatía o pocos encuentros. Pero nada de esto ocurrió; no lo vi llegar. Mi esposa se fue con el vendedor de plátanos, el señor del camión que pasaba todas las semanas por la cuadra. En mi desesperación le pedí que volviera; por mis hijas, por el amor que le tenía; pero nunca me escucho.
Y no entiendo que pasó; tal vez le ofreció un mundo, pero no tenía dinero. Ahora bien, su pareja enfermó y murió; sin dejarle absolutamente nada. Si no estas involucrado(a) emocionalmente y comprometido porque te aburres con mucha facilidad, una relación monogámica, no es para ti.
Los sentimiento de decepción y tristeza por expectativas no cumplidas, aun cuando son dolorosa permite aprender y crecer. Aceptar la realidad; procesar, superar la desilusión y permitirnos nuevas experiencias. La vida no se detiene; hay que continuar adelante...
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