Fríos deseos
La sexualidad es la forma de sentir, expresar sentimientos, deseos, intimidad, vida sexual y la atracción por otras personas. Los aspectos biológicos, psicológico y culturales influyen en cómo el individuo vive su sexualidad.
El deseo, ganas o apetito al sexo; está divida en cuatro fases: Deseo, excitación, orgasmo y resolución. La falta de deseo, disminución o ausencia de sexo a nivel clínico se le conoce como deseo sexual hipoactivo, un trastorno que afecta tanto a hombres como mujeres.
El 40 % de las mujeres (4 de cada 10); y el 30 % de los hombres, sienten en algún momento un fuerte rechazo o incomodidad al sexo (aversión al sexo). Evitan el contacto sexual genital con la pareja, acción acompañada de ansiedad.
La disminución del deseo sexual en individuos sexuales activos, puede estar asociada a enfermedades como: depresión, estrés, diabetes, cáncer, alcoholismo. Envejecimiento, menopausia o problemas endocrinos. La andropausia, aspectos psicológicos, relacionales, físicos y médicos.
¿Sin deseo sexual? En 1895, la alemana Emma Trosse, afirmó que la madre naturaleza había creado la diversidad sexual, incluida la homosexualidad y asexualidad. En 1896, el sexólogo alemán Magnus Hirschfeld; profundiza el término «asexualidad» como carencia de cualquier deseo sexual y lo vincula con «anestesia sexual».
Anestesia sexual, conocida también como anorexia sexual o anafrodisia, es una inhibición persistente o difusa del deseo sexual o la dificultad para alcanzar el orgasmo, crea un bloqueo en la apetencia sexual y la frecuencia de las relaciones sexuales disminuye considerablemente, siendo a veces casi nula.
Es un rechazo sistemático a experiencias sexuales y está relacionado con el bajo interés por el sexo o bajo apetito sexual. Una disminución significativa en el deseo a relaciones sexuales, evitando el contacto íntimo con la pareja. Un problema psicológico en individuos sexualmente activos.
Tu pareja puede no tener necesidad sexual en la relación y se enfoca en lo romántico afectivo favoreciendo otras prácticas como el buen trato, cariño y atenciones para disfrazar y mantener la relación de pareja. El espectro asexual, es muy diferente a la disminución o ausencia de pensamientos y fantasías sexuales, persistente o recurrente en individuos sexuales activos. Es un grave error decir, me volví asexual; la asexualidad es una condición innata.
La asexualidad no está relacionada con traumas, medicaciones o experiencias físicas. No es una elección; es una respuesta física innata y no se considera una enfermedad como tal. El espectro asexual es la falta total, parcial o condicional de atracción sexual. Las personas asexuales pueden experimentar atracción emocional, romántica o estética, pero sienten bajos niveles de fantasías eróticas sin deseo sexual hacia otras personas. Este espectro puede variar de forma e intensidad en diferentes individuos, por ejemplo:
- Sexo Romántico: implica una atracción afectiva y el deseo de formar un vínculo emocional íntimo con una persona.
- Sexo Positivo: consideran el sexo sano, aun cuando no tienen deseo de experimentarlo.
- Sexo Negativo o Antisexuales: se oponen totalmente al sexo.
- Repelidos: encuentran el sexo totalmente desagradable.
El individuo asexual con falta de atracción sexual parcial, se siente más a gusto sin tener actividades sexuales con otras personas, pero en ocasiones presentan cierto interés sexual en solitario (mas turba ción) o deseo sexual de forma esporádica con su pareja.
Mientras algunas personas asexuales no tienen ninguna actividad sexual, otras tienen una vida sexual perfectamente sana y activas con sus parejas. Aunque no sienten deseo o atracción sexual hacia alguien, pueden tener una vida sexual activa. Las personas asexuales son físicamente capaces de experimentar y participar en actividades sexuales.
La principal diferencia entre "tener sexo" y "hacer el amor" radica en la implicación emocional y la intención de la interacción. "Tener sexo" se enfoca principalmente en la satisfacción física, mientras que "hacer el amor" involucra una conexión emocional más profunda, intimidad y cuidado del otro. Es el estímulo emocional que necesita el individuo asexual para participar, complacer y satisfacer a su pareja.
Pensé que había sido criada a la antigua, por aquello de no poder hablar del sexo. En la mujer es muy mal visto. Desde joven he sido apática y mi familia me dice que soy un tanto fría. Me considero poco romántica y algo seca para dar cariño, pero definitivamente heterosexual, mi orientación sexual, atracción emocional y romántica es hacia el sexo opuesto.
Escucho a la gente hablar del placer, lo grandioso y explosivo del orgasmo, pero a mí no me sabe igual, ni me llama la atención. Tuve novios, sí. ¡Besos y abrazos, si! Pero cuando sentía que se emocionaba demasiado, evadía y distraía el asunto. Antes de casarme, fui muy sincera con mi prometido y así lo acepto, que no se queje ahora.
Tenemos dos hijos y mantenemos una vida sexual normal, sinceramente esporádica, pero nunca he sentido tener deseo sexual. Muchas veces mi esposo me buscaba con juegos previos, pero fingía dolor de cabeza, otras veces quedarme dormida o tener la menstruación. Iniciaba cualquier discusión como pretexto para no tener intimidad.
Cuando las cosas se salieron de controle, le propuse que tuviera encuentros sexuales extramaritales, fuera de la casa. Con preservativos para prevenir enfermedades y que disfrutara afuera todo lo que yo no le estaba dando en casa.
Me hice más que esposa una especie de amiga y confidente, conocí incluso algunas de sus aventuras y me presté para escoger y comprar regalos a sus amigas.
Funcionó muy bien y hacíamos el amor muy rara veces; hasta que él se enamoró. No considere la terapia de pareja, pero escuche muchas veces el termino asexual. Llegamos a viejos y vivimos en la misma casa, en cama separadas; solo que ahora no somos ni cerca de ser amigos.
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