Tan cerca de ti

Cuando llega el momento de conocer a los padres y familia de la pareja; es sin duda el segundo encuentro irreal en la vida amorosa, y digo irreal porque nadie va a confesar ser mala persona.   Un encuentro que preocupa el solo hecho de pensar que algo pudiera salir mal o que se escape de control.

La familia crea altas expectativas y un cuestionario interminable de preguntas aguardan: donde vives, que haces, de que familias vienes, que te gusta, si tienes vicios o en que trabajas, proyectos a futuro y las intenciones que tienes.  Por otro lado, el invitado(a) atentamente estudia su entorno:  trabajo en equipo, respeto entre la familia, orden de la casa, sabor de la comida y hasta la atención que dan a particulares.  Un exceso de simpatía por obtener aprobación y aceptación de la familia.

Las visitas frecuentes, reuniones y fiestas permiten la libertad para que desaparezcan las apariencias y surgen las verdaderas caras.  Es inevitable la desaprobación de algunos miembros de la familia; los celos de hermanos, por ejemplo, reclaman las atenciones que recibes y realizan un juicio permanente a todo lo que dices o haces.     Los padres con su instinto protector esperan el momento oportuno para lanzar sus advertencias, que son muy valiosas pues de enamorados no alcanzamos ver defectos, solo creamos cualidades y qué pena porque además de ciegos nos volvemos sordos.   En verdad lo creo, ellos disfrutan cuando señalan con el dedo, colocando la frase: “yo te lo dije”   

Una pareja que estan de frente tomados de la mano

La convivencia necesita tiempo para construir lazos de apego y cariño familiar, pero que ocurre cuando ese cariño toma giros inesperados, son los casos donde un hermano(a) se ilusiona apasionadamente por nuestra pareja o un cuñado(a) se ilusiona de ti. El refrán dice “quien no lo hace de entrada, lo hace de salida” 

Precisamente es química o atracción lo que ocasiona buscar cortos espacio de tiempo a sola para coquetear e insinuar ingenuamente seducción que combinada con lo prohibido produce éxtasis; una explosión de emociones sumamente difícil de renunciar.

Algunas alarmas se encienden como instinto para advertirnos la situación que muchas veces nos hacemos los tontos para dejar pasar y no crear tensión en el entorno familiar. Debemos tener delicadeza porque si rechazamos a la persona creamos problema; y dar tiempo a que se le pase es crear falsa expectativas.

Confiamos en controlar la situación y a forma de juego, establecemos reglas o normas que no siempre funcionan o se escapan de la mano.  Intentar hacer amistad con una persona que ha declarado estar enamorado es equivoco, porque no logran diferenciar los sentimientos. Aun no teniendo intimidad de igual forma hemos cruzado la línea; aceptando llamadas, respondiendo mensajes, cumpliendo favores, escuchando sus ideas; consumiendo tiempo y distrayendo la mente. 

Muchas veces nos gusta la intensidad de la situación; un falso control de poder jugar a la atracción sin consecuencias, es amargo y dulce el sabor de producir deseos en otras personas. Conscientes de las consecuencias continuamos y no por falta de valor o carácter para resolver la situación; en realidad nos gusta jugar poniendo a prueba no ser descubiertos.

Es muy difícil esconderse y aunque lo intentamos la gente se entera y murmura.   Son precisamente esos gestos, comentarios e incluso consejos; los que nos hacen reflexionar y asumir responsabilidad.  De seguro alguien va a salir lastimado y si no acaba mal, no termina.  ¡Las decisiones aun cuando suelen ser brusca, son necesaria!  Elegir continuar con la relación de pareja o apostar a la nueva aventura, no nos libra de las consecuencias familiares que a lo largo de la vida nos van acompañar.

Cada vez son más públicos los casos de triángulos amorosos que involucran a familiares y amigos cercanos a la pareja.  Cuantas veces hemos oído decir “quien lleva amigos a la casa reparte barajas en la mesa, poniendo a prueba la suerte y la tentación”.  Al relajarse o poner exceso de confianza, dejar de atender los compromisos familiares, y peor aún pedir a ese hermano o amigo, que lleve a la pareja al médico o acompañe hacer mercado poniendo como pretexto cualquier excusa, mezcla la tentación con furia, un malestar por no cumplir con las obligaciones.  Esto no es suficiente justificativo, pero toda acción genera una reacción. 

No hace falta narrar los detalles; solo basta pensar ¿Qué tan cerca está de ti?


Te puede interesar: