Actuar a tiempo
De mi infancia
recuerdo el preescolar en la avenida La Patria de San Felipe/Venezuela; en la
entrada a la institución estaba una avioneta blanca colocada sobre una
torre. Recuerdo haber compartido
dormitorio con mi hermano y también ropa, aunque tenemos cinco años de diferencia
desarrollé mayor estatura. No hacíamos
fiesta ni alboroto de cumpleaños, celebrábamos con una torta, refresco y tal
vez un juguete en lo más íntimo del núcleo familiar; cinco hermanos, mamá y
papá.
Papá nos
llevaba a la escuela por la mañana y de regreso visitábamos a mamita para
almorzar que, luego de reposar tomábamos impulso para regresar caminando hasta
la casa no sin antes recibir un helado de merienda. La abuela Carmen tenía una mata grande de
tamarindo y en navidad se adornaba con bombillas de colores. El intenso olor de la flor de jazmín aun
revive en mí su funeral.
Desde pequeños,
mamá nos asignó tareas del hogar; limpiar el cuarto, lavar el baño, sacar la
basura, bañar al perro y a medida que fuimos creciendo; lavar la ropa, planchar,
ir a la bodega y cocinar. ¡Y esto de
cocinar lo aprendí a las malas! Recuerdo freír una arepa que al intentar darle
la vuelta dejé caer con fuerza; el aceite caliente quemo mi barriga, pero con
el tiempo se borraron las cicatrices.
El respeto hacia
los adultos: familiares, maestros o desconocidos era educación, imposible faltar
sin ser castigado y cuidado si alguien presentaba queja. Una instrucción que decía: los niños molestan
en casa ajena. Otra super acertada: niños
en la calle solo traen problemas, así que cada quien en su casa.
Al cumplir
los 10 años de edad mi padre dijo: “ve diciendo adiós a los juguetes porque comienzas
a crecer”. Así que recogieron y
regalaron todos los juguetes, pero además cuidó y oriento mi comportamiento
hacia una conducta coherente con mi edad.
Papá no alcanzo estudiar, pero ha sido a su manera un coach innato. Hoy a sus 85 años aún se le escucha decir que
todo tiene su tiempo, el niño es niño, el adulto es adulto y el viejo es
viejo.
Aunque
algunos apuntan a quemar etapas y dejar vivir, definitivamente existe un
espacio de tiempo. Por ejemplo, la
capacidad mental e inteligencia de un adolescente le permite sin duda cursar
estudios superiores; pero los cambios hormonales, conducta emocional y sentido común
aseguran que no. Son casi un desastre en
los niveles intermedios de educación, incontrolable seria tenerlos en las
universidades.
Crecemos, nos casamos y al tener hijos iniciamos ciclo, copiando del entorno modelos que adaptamos a nuestros gustos, preferencias y comodidades. Una realidad nos dice que buenas bases en construcción, soportan el peso de la estructura por largos años. En otras palabras, todo comienza desde niño.
El
crecimiento ocurre tan rápido que cerramos los ojos y al abrirlos, han pasado
20 o 24 años y aunque conservan hacia nosotros el respeto, ya no tenemos el
control. Toman sus decisiones, asumen sus errores y solo nos queda observar y acompañar.
Al igual que
mi padre me he dedicado en orientar el crecimiento en mis dos hijas. Respeto la opinión que puedan tener sobre el sexismo, pero no lo comparto. Vendieron la idea de igualdad, colocando una
especie de competencia entre el hombre y las féminas.
La mujer moderna,
concentró sus energías en estudiar, trabajar, producir, obtener bienes y no
estoy diciendo que esto sea malo, en serio les aplaudo y admiro. ¡Pero a qué precio! Muchas perdieron su edad reproductiva, esperando
el tiempo indicado para poder cumplir con los miles de compromisos. Y dije edad productiva y no quiero meter dedo
en la herida, pero además quedaron solas, sin parejas y sin familias.
Claro que
es difícil, luego de obtener un nivel académico, bienes y un soporte económico por
largos años, compartirlo con un hombre. ¡No!
Es inaceptable. Se resignan a quedarse
solas o buscar trofeos para aparentar una normalidad social. Cuando una conducta se repite con extremada
frecuencia indica un problema y urge soluciones.
La edad
atractiva de toda mujer está entre los 16 a 28 años, porque luego disminuye y
bastante. Su edad reproductiva recomendada es: cercana a
los 25 por madurez emocional y rondando los 35 por condición física (corporal).
Por supuesto que pueden procrear a los cuarentas y más, pero a que riesgos.
Favorece iniciar
parejas desde jóvenes, con pocas diferencias de edades entre uno y otro. Trabajando construyen familia, obtienen sus
bienes, alcanzar madurez y preparación personal. Juntos de la mano comparte sueños, enfrentar y
corrigen errores y viven su romance con una intensidad natural, con menos bulla
y menos desconfianza. Mientras más se vive, más se desconfía…
A mi hija mayor le dije: Superaste la etapa hormonal de los 16 y llegaste a la universidad con planteamientos y metas, debes andar a tiempo con esta información. Fuera de tiempo solo quedan lamentos, desventajas y cansancio. Resignación de tener lo que no se quiere o apostar por un toque de suerte.
Con mi hija menor estoy preparando la charla…
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